Es el título de un libro clásico de la psicología, la filosofía y la pedagogía, el cual les recomiendo leer, escrito por Erich Fromm. Un libro que nos pone a reflexionar sobre la importancia del ser y cuestiona si el hombre vino a este mundo a tener, a poseer o a dejar huella a través de sus acciones, de sus obras y de sus hechos.
Si bien nosotros somos seres espirituales, básicamente espíritus encarnados, vivimos en un mundo material y nos movemos en un mundo material; es por ello que nos cuesta trabajo encontrar el equilibrio.
No es malo que poseamos cosas, al contrario, es necesario, como lo dijo Maslow en su famosa pirámide: no podemos crecer ni evolucionar si no tenemos al menos cubiertas las necesidades básicas. La persona que no tenga resuelto tener un techo, comida y salud difícilmente podrá pensar en estudiar, meditar o crecer.
Pero no venimos solo a eso; nuestro espíritu se siente triste y limitado si no le damos la oportunidad del crecimiento, la reflexión, el esparcimiento, la comprensión y la alegría de compartir.
Por ello, ten solo lo necesario, que los objetos te sirvan a ti, no tú a ellos; que no te roben tu tranquilidad, que no se conviertan en una preocupación en lugar de un disfrute.
Las cosas son para utilizarse, para facilitarnos la vida, para darnos las herramientas que necesitamos para desplazarnos, para vestirnos, para lograr nuestros objetivos y llevar a cabo nuestras metas.
Pero si se convierten en una ambición, nos roban la paz, el tiempo y la tranquilidad; en lugar de ser útiles porque nosotros los estamos utilizando a ellos, se convierten en dueños de nuestro tiempo y de nuestra tranquilidad.
Nada, ni nadie, debe apropiarse de tu paz, de tus deseos y de tu tranquilidad; ni una persona ni un objeto. Así que, si algo te está robando la paz, es momento de deshacerte de él, de quitarlo de tu vida, de regalar lo que no usas, lo que está de más.
Tener menos, tener solo lo necesario, te permite tener más tiempo y más paz para dedicarte a crecer en tu espíritu, logrando el difícil equilibrio entre tener y ser.
Te invito estas fiestas decembrinas y de Año Nuevo a revisar lo que posees: ¿para qué quieres esa ropa que no te has puesto en un año, esos zapatos o bolsas que no has estrenado?
Es el momento de dar sonrisas, de regalar lo que nos sobra y nos quita espacio y tiempo, quedarnos solo con lo necesario y aprender a ser felices con menos, aprender a compartir.
La felicidad no se compra, la felicidad es una actitud en el camino de la vida, que no tiene marca y no tiene etiqueta. Bendiciones.
Dra. Rocío Labastida.
Pedagoga
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