¿Sabías que los árboles se comunican entre ellos gracias a la red de hongos en el suelo? Los árboles no son individuos creciendo por su propia cuenta con el fin de ser el más exitoso. Más bien, son parte de una red que está en constante interacción, y en donde la colaboración es lo primordial. Esta red subterránea la llamamos red de micorrizas (mycorrhizal network en inglés).
Durante su evolución, estas criaturas de la tierra optaron por colaborar con las plantas para obtener a cambio azúcar y energía, proveniente de la fotosíntesis de la planta. Micorriza, (mico= hongo, riza= raíz) es la asociación simbiótica entre una raíz y las hifas del hongo, que se reconocen y encuentran en el suelo, tras un sofisticado intercambio de señales.
La mayoría de las personas no lo saben, pero los hongos pueden ser enormes organismos (el más grande y viejo del mundo, con 8.650 años y cubriendo más de 10 km2 de extensión bajo el bosque).
La asociación mutualista planta-hongo, dos seres provenientes de reinos muy distintos, tiene resultados muy efectivos. Los árboles capaces de utilizar la energía del sol para reunir seis moléculas de CO2 y transformarlas en glucosa, transfieren desde la copa hasta sus raíces estos carbohidratos, alimentando a las micorrizas.
El hongo, especialista del suelo, extiende su micelio (red de hifas) a velocidades sorprendentes, llegando a sitios que las raíces ni sospechan. Así, le entregan a sus plantas hospederas agua y nutrientes, inaccesibles de otro modo. Esta asociación es crucial, y el 95% de las plantas comparten esta simbiosis con los hongos. Incluso, se sostiene que la primera planta terrestre fue exitosa fuera del agua gracias a la asociación con un hongo.
En un bosque del interior de British Columbia, Beiler et al. (2010) logró mapear la extensión y arquitectura de las redes de micorrizas. Utilizando novedosas técnicas moleculares, se observó que todo el bosque estaba conectado mediante raíces y hongos. Y como es de esperarse, los árboles más grandes y viejos establecían más conexiones. Suzanne Simard los llama “Árboles Madre”: núcleos de vida donde convergen las conexiones.
Los árboles, a través de sus raíces, están conectados al micelio subterráneo. Por medio de esta red, pueden intercambiar una variedad de compuestos químicos y mensajes en lo que algunos científicos han llamado la Wood Wide Web (la «red mundial del bosque»). Esta comunicación subterránea permite a los árboles alertarse mutuamente sobre peligros, compartir nutrientes y formar alianzas beneficiosas.
Cuando un árbol está bajo ataque por parte de insectos u otros patógenos, puede liberar compuestos químicos a través de sus raíces que son detectados por los hongos presentes en el suelo. Estos hongos, a su vez, transmiten la señal a otros árboles cercanos a través del micelio. Como respuesta, los árboles alertados pueden aumentar sus defensas químicas para protegerse del ataque.
Además de la comunicación de alerta, los árboles también utilizan el micelio para compartir nutrientes. Los árboles más grandes y maduros, que tienen acceso a la luz solar en la parte superior del dosel forestal, pueden proporcionar nutrientes a los árboles más jóvenes y sombreados a través del micelio. Este intercambio beneficia tanto a los árboles receptores como a los donantes, fomentando el crecimiento y la supervivencia de la comunidad arbórea en su conjunto.
Este fenómeno de comunicación subterránea desafía nuestra comprensión tradicional de la competencia en la naturaleza. En lugar de una lucha feroz por los recursos, vemos un sistema cooperativo en el que los árboles y los hongos trabajan juntos para el beneficio mutuo. Esta forma de comunicación subterránea nos recuerda la complejidad y la interconexión de los ecosistemas naturales.
A medida que profundizamos nuestra comprensión de esta asombrosa red de comunicación subterránea, podemos desarrollar un mayor respeto y aprecio por la biodiversidad y la importancia de mantener los bosques saludables. El micelio y la comunicación entre los árboles debajo del suelo nos muestran que la naturaleza es un tejido interconectado, donde cada organismo desempeña un papel crucial en el funcionamiento global del ecosistema.
Enfocándonos en su lado ecológico, gracias al Micelio, no solo existe una importante conexión, sino también ayuda a dejar podrir las cosas para empezar a una nueva vida. Un ejemplo de cooperación y resiliencia para mantener un equilibrio natural.
Ing. Brenda C. González León
Presidenta de Huellita con Causa IAP
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