Para unos, el amor lo simboliza todo; para otros, es solo parte de un mañana planeado, o delayer que se posterga en un soñar sin esperanza. Para mí, el amor es una puerta completamente abierta, completamente única.
Es saberte convencido de que el retorno es un paso de sinceridad extrema, de no medir ni tener cautela en lo que uno es, mientras otros dudan y racionan con reserva lo que pueda pasar.
Para mí, el amor no tiene título ni agenda: es la explosión perfecta de la ganancia y el desengaño. Es el deseo permanente de dar, de poner, frente a frente, el corazón ante los ojos, situando la entrega por encima de la razón.
Es no analizar perspectivas, ni racionalizar el encanto del enamoramiento puro que no permite apagarse cuando el dolor lo llama. Es un paseo por la vida que regala vida; es ver nacer, crecer y morir los obstáculos propios que retan a quien mira el paso de quien no comprende.
Para mí, el amor es alimentar y vomitar armonías que juegan con el incrédulo sin esperanza; es vernos endebles, pero a la vez fuertes. Es robarle a la noche la inspiración del día.
Para mí, el amor es mi comunión, mi palabra, mi promesa y mi regalo más perfecto. Es ver la luna: no moverse, pero tampoco morirse. Es que sepas que aquí sigo para ti, porque, con tan solo decirlo, esperaría que fueras el amor de mis mañanas.
Feliz Día del Amor y la Amistad.
Charles Azuara
Consultor en Desarrollo Organizacional, escritor y poeta
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